jueves, 16 de agosto de 2012
El calor
Todos los años esperaba que llegara el verano. Ese tiempo que le hacía salir de la rutina. Un tiempo de ocio, de vacaciones, de cambiar el ritmo, de descansar. Sólo había un problema: el calor. Su enemigo acérrimo, no podía con él.
Pero este verano sería distinto, había decidido instalar el aire acondicionado en casa. Claro que esos gastos tenían que salir de algún sitio. Así es que Luis decidió cambiar comodidad por viaje de vacaciones. Se quedaría en casa, pero a cambio, finalmente, tendría un verano agradable, sin calor.
Dicho y hecho, se lo instalaron. Aquel día, empezaba sus vacaciones. Volvía soñando con ese aire fresco. Entró en la casa, y sin tan siquiera ponerse cómodo, se dirigió al interruptor del aire y pulsó el ‘on’. Pasaron diez segundos, veinte, un minuto, dos, pero el aparato no funcionó. Desesperado se lanzó sobre el teléfono y marcó el número de la tienda donde lo había comprado. No contestaron, eran las nueve de la noche y estaba cerrada.
Pasó la noche despierto, soñando con el aire que le habían instalado pero que había faltado a la cita. Al día siguiente a las diez de la mañana llamó a la tienda. A la sexta llamada colgó y volvió a intentarlo. Nada, no contestaban. Frenético, impaciente y cabreado se vistió y se dirigió allí.
La sorpresa cuando llegó fue mayúscula, apenas su ira le dejó leer un letrero que habían colocado: CERRADO POR REFORMAS, DESDE HOY 15 DE JULIO HASTA EL 15 DE SEPTIEMBRE, PARA CUALQUIER GESTIÓN ESPEREN HASTA ESE DÍA. GRACIAS.
Para más historia sobre el calor, vayan a casa de Mari Jose
jueves, 9 de agosto de 2012
Recuerdos, sueños, pensamientos
Era una tarde de invierno. Nos encontrábamos en clase de Antropología Social. Estudiaba en la Complutense. En esos años, la Transición española era considerada por casi todos como un éxito. Hablaban de reconciliación. Yo más bien creía que había sido una claudicación.
Allí sentados, mientras que el profesor nos explicaba los valores de una determinada cultura amazónica, alguien entró sofocado y dijo:
“La guardia civil acaba de tomar el Congreso de los Diputados”
Nos miramos, incrédulos ante ese aviso. Oscar y yo nos levantamos y fuimos a la cafetería, allí ya se estaba comentando el hecho. Se hablaba de una nueva dictadura, de la vuelta al régimen anterior. Las noticias eran confusas y los bedeles anunciaban que se cerraba la Facultad.
Margarita nos acercó con su coche a Moncloa, y allí Oscar tiró para su casa y yo me dispuse a tomar el autobús hasta la mía. Vi pasar un grupo de exaltados con la bandera franquista que, desde la otra acera, gritaban vítores al ejército y a la guardia civil. Al verme, me dijeron:
Pronto te vamos a cortar la barba, esa barba de rojo que te delata.
Me estremecí y creí por un momento que iban a cruzar, pero no, siguieron su camino cantando canciones franquistas y falangista. Llegó el autobús y subí.
En el trayecto me dio tiempo para pensar. Volvíamos al pasado. Otra vez, el país en blanco y negro. ¿Podría vivir esa nueva etapa oscura? Nuestros sueños de nuevo se fueron al garete. Llegué a casa, donde Lola, con mis hijos estaba esperándome impaciente y con la tele puesta.
Este país no tiene futuro, le dije. Si esto triunfa nos vamos a Italia. Aquí ya no podremos vivir.
Fue una noche confusa, pero entendimos que todo había sido un susto cuando empezamos a ver salir guardia civiles por la ventana del Congreso. Se entregaban sin condiciones.
Entonces, entendí que todavía había un peligro grave. Que era posible un retroceso real, una involución. Pero también, que había que quedarse, porque este era mi sitio, a pesar de todo.
Más recuerdos… en casa de Mari Jose
lunes, 6 de agosto de 2012
Chavela: ¡Que te vaya bonito!
¿Qué ponemos? le preguntaba a Lola, mientras conducía. Y ella, hacía que cogía un CD al azar y, en la mayoría de las ocasiones, allí estaba Chavela.
Innumerables los viajes que nos ha acompañado. Su voz ronca, aguardentosa y acompasada nos transmitía fuerza, pasión y emoción. Esa fuerza que tenía hacía que termináramos, más de una vez, cantando juntos, en un coro horrible que afortunadamente Chavela no escuchaba.
Mujer con poncho rojo, vaso en mano, pelo plateado, voz rota, cara volcánica, con ochenta discos a sus espaldas, libre, mujeriega, sincera y socarrona. Así era Chavela.
Su sufrida infancia le hizo fuerte y libre, y valorar lo más hermoso. Vivir en libertad. Y bien que lo practicó. Fue sincera siempre, le costara lo que le costara. Porque nunca pretendió caer bien a los demás, sino que la aceptaran como era.
Chavela se ha ido a los 93 años, pero ella sigue allí, en su Boulevard de los sueños rotos, con su Macorina, con su voz quebrada por el tequila. Sigue estando en mi casa, sigue siendo esa mujer capaz de recitar canciones que otros cantan, capaz de hacer con las canciones lo que hizo con su vida, todo a su aire, en libertad. Porque si alguien ha conocido la libertad, porque si alguien amó la vida, esa ha sido Chavela.
Vivió, primero como pudo, luego como quiso, se bebió su vida, amó todo lo que pudo, cantó lo que le dio la gana, sin importarle el que dirán, sin someterse a nadie. Fue revolucionaria, habló de sus emociones, nunca negó lo que hizo, vivió, siempre con pasión, a su manera. Cometió excesos, visitó todas las cantinas y se arrastró suplicando amor.
Hoy más que nunca, pero como siempre, vuelvo a tenerte presente, mientras escribo, escuchando tus quejidos, esos hermosos versos que escribió un tal José Alfredo.
Fuiste lo que quisiste ser, sin nacer en México, fuiste mexicana, fuiste amante de la luna mientras te quemabas en alcohol, dijiste siempre lo que pensabas aunque estuviera prohibido, aunque no fuera correcto. Tuviste sueños rotos y pasiones desatadas. Amaste y odiaste, mujer, con gran pasión. Pero siempre fuiste tú, sólo tú.
Podrán decir lo que quieran, que tu voz no era la mejor, que tu ejemplo de vida fue un desastre, que eras incorrecta y demasiado sincera, pero nadie como tú ha gozado de la libertad, porque a libre, a eso, no hubo quien te ganara. Y esa pasión la transmitías con tu voz.
Hace poco viniste a Madrid, querías presentar tu último disco ‘Luna grande’, con poemas de García Lorca, aquí en la Residencia de Estudiantes. Caíste enferma y volviste a México. Allí te preguntaron si había valido la pena ese viaje a España que te había debilitado la salud, y, como siempre, contestaste con sinceridad, diciendo lo que sentías:
“Yo sabía perfectamente bien cuáles eran los costos, y claro que valió la pena. Le dije adiós a Federico, les dije adiós a mis amigos y le dije adiós a España. Y ahora vengo a morir a mi país”
Hoy, no sólo México, todo el mundo te llora, te recuerda, te escucha, te rinde homenaje. Chavela, mi querida Chavela, déjame brindar contigo como tú me acostumbraste, en el último trago, por un mundo raro que tú supiste torear.Tú, paloma negra, sabes bien que te quedas en un rincón del alma de todos nosotros, allí nos veremos en el boulevard de los sueños rotos, y mientras tanto, quedo contemplando esa luz de luna y deseándote que te vaya bonito.
jueves, 2 de agosto de 2012
El tiempo en el tiempo
Ni tan siquiera era por sobrevivir. Simplemente quería conocer como se regía el tiempo. El Tiempo, con mayúsculas. Se había dado cuenta de que era lo único que no se podía parar. Lo único que caminaba con paso firme y constante. Le fascinaba el Tiempo.
Sólo por el tic-tac de los relojes se sentía vivo. Eran campanadas de vida que le recordaban que él estaba allí. No podía continuar sin saber como funcionaba, por qué, qué movía al Tiempo era su obsesión y como tal se dispuso a conocerlo.
Estudió en bibliotecas, libros sobre el Tiempo. Nada nuevo, algo inalcanzable, algo irreversible, algo mágico, pero los grandes estudiosos no se movían de ahí. Así es que decidió dar un paso más y empezó a consultar libros esotéricos.
Todo fue en vano, le comunicaban, supuestamente, qué pasaría si el tiempo se paraba, que fórmulas vanas había para volver a un tiempo pasado, cómo los relojes no eran sino sus guardianes que necesitaban hacer ruido para permanecer despiertos y sentirse vivos.
Sólo un libro le llamó la atención. Y simplemente su última frase:
Los secretos del tiempo están ocultos en la cueva de Cronos.
No lo dudó. Dejó todo. Vendió todo. Saco lo suficiente para iniciar el gran viaje. Y se dirigió allí.
Fue un viaje lleno de penalidades, de dificultades. Nadie sabía nada sobre esa cueva. Y tuvo que guiarse por el instinto. Dio vueltas, volvió sobre sus pasos para empezar de nuevo. Y así llegó a enloquecer. Todo su afán era buscar una cueva que nadie conocía, que a nadie interesaba. Solo, anduvo deambulando por medio mundo. Cada noche terminaba cansado, dormía cómo y dónde podía para amanecer con más ganas de buscar ese secreto.
Un día enfermó gravemente. No pudo levantarse, la fiebre se apoderó de él, su cuerpo permaneció inerte. Se dio media vuelta y pudo ver con lucidez que se encontraba en su casa de siempre, en su alcoba, junto a sus relojes, junto a su tiempo. Sin fuerzas, alargó el brazo hasta el libro que le había servido de guía y que estaba en su mesilla de noche.
Lo abrió de nuevo, y pudo leer de nueva esa frase: “Los secretos del tiempo están ocultos en la cueva de Cronos”. Y, después, algo que no leyó la vez anterior: El tiempo es tu tiempo, no hay otro. y en un ataque de lucidez, se dio cuenta de dónde estaba la cueva y de su secreto. Y a Juan Cronos Ramírez, se le acabó su Tiempo.
miércoles, 18 de julio de 2012
La curiosidad mató al gato
Siempre alerta. Era la vecina que más sabía de todos. Se la veía paseando, o simplemente en el portal. Cuando alguien pasaba se quedaba mirando, pensando, con los ojos fijos. Nadie le aguantaba la mirada. Una mirada intensa que penetraba.
No se conocía su verdadera ocupación. Es más, se diría que era chafardera profesional, cotilla a tiempo completo. Siempre en la calle, siempre escrutando a los vecinos. Su tarea le había hecho acreedora de su mote: La Chismosa.
Si algún vecino quería saber algo de alguien, se dirigía a ella. Y la Chismosa se deleitaba contestando y adornando la respuesta con soltura. A veces con malicia, otras con simple desparpajo, pero siempre disfrutando de su saber.
Hoy, la echamos de menos. ¿Quién lo iba a decir? Tanta curiosidad por los demás, y… Se marchó del barrio, y lo hizo cuando le dijeron lo que todo el mundo sabía y sólo ella desconocía. Tanto cotillear para luego tener que tragarse su propia medicina.
Su marido la engañaba con más de una vecina. Fue la única que no se enteró. Ella, la Chismosa. Fue tan grande el shock que se marchó sin despedirse. No pudo resistir el golpe. Su prestigio había quedado por los suelos. Seguramente, ocupada por descubrir los secretos de los demás, se olvidó de mirar lo más cercano.
Otras curiosidades en casa de Teresa
jueves, 12 de julio de 2012
El cinco es mi vida
Siempre tuve amor por los números. No me importa reconocerlo. Dicen que es una obsesión, pero no, yo he sustituido el amor humano por el amor perfecto, el numérico.
Todo tiene relación. Todo se cuenta. Todo es numerable. Lo que dicen que no es numerable lo llaman infinito, pero no es sino la forma de expresar la incapacidad de la mente humana para ir más allá de ciertos límites.
Los números, aunque casi nadie lo sepa, están vivos. Me hablan, son capaces de producirme placer, llanto o simplemente diversión. Son mis amigos, mi gente. Hace años que no hago otra cosa que vivir entre ellos.
Pero no todos los números son iguales. Yo tengo debilidad por los números primos. Sí, ya sé que no se relacionan con otros, por eso los quiero, son como yo, solamente sirven para mirarse en un espejo y no comparten nada con nadie, salvo con el número uno que para eso es el número uno.
Y dentro de los primos, enseguida encontré el que me apasiona. Su tabla de multiplicar es como un poema. En la escuela la cantaba con placer. Me refiero al cinco.
¿Qué sería de nosotros sin el cinco? No existiría el pentagrama. ¿Cómo pronunciaríamos sin las cinco vocales? Sin Pentateuco no habría Biblia ni Torá. Muchas flores carecerían de esos cinco pétalos tan bellos. ¿Alguien se imagina una estrella de mar que no tenga cinco brazos? ¿Y la vida? ¿Valdría la pena si los sentidos no fueran cinco?
Y es que donde haya un cinco… También tiene que ver con mi estado actual. No todo el mundo me entendía ni me entiende. Y fueron cinco los que me llamaron locos. Los que se burlaban, se reían de mí, constantemente. No lo podía aceptar.
Esperé al día cinco del mes cinco y agarrando una horca de cinco puntas terminé con los cinco. Se lo tenían merecido. Hoy, han pasado cinco años, me levanto a las cinco de la mañana y rezo encerrado en esta habitación cinco veces al día por el alma de aquellos cinco desgraciados. Pero no me arrepiento, no tuve más remedio, tenía que defender al cinco, con mis cinco sentidos.
Más historias sobre el Cinco en casa de Juan Carlos
miércoles, 4 de julio de 2012
Tus fantasías secretas
Y ahí estoy mirando otra vez por la ventana. La luna, hoy traidora, me llevó a ti. Fue, es, será inolvidable. Un hecho de amor único e insuperable. Hoy, sólo puedo añorarte, pensar en ti, sentir tu piel, vibrar sudando y sin embargo, que lejos quedas.
Nunca podré perdonarme haberte perdido. Porque hoy mis sueños sólo los cubres tú. No puedo evitarlo. Daría mi vida por rozarte. Y no obstante, qué lejos estás, a pesar de que estoy todavía dentro de ti.
Sé que no volverán aquellos días, el tiempo pasa inexorablemente. Sin embargo, nunca te has apartado de mí, tus ojos, tu pelo, tus piernas, tu vientre, todo tu cuerpo lo tengo grabado y lo recorro día y noche, implorando que sea verdad.
Te siento cerca. Muy cerca. A pesar de que me han confirmado la sentencia: treinta años y un día. No me bastarán para olvidarte.
Más fantasías secretas en casa de San
