Y ahí estoy mirando otra vez por la ventana. La luna, hoy traidora, me llevó a ti. Fue, es, será inolvidable. Un hecho de amor único e insuperable. Hoy, sólo puedo añorarte, pensar en ti, sentir tu piel, vibrar sudando y sin embargo, que lejos quedas.
Nunca podré perdonarme haberte perdido. Porque hoy mis sueños sólo los cubres tú. No puedo evitarlo. Daría mi vida por rozarte. Y no obstante, qué lejos estás, a pesar de que estoy todavía dentro de ti.
Sé que no volverán aquellos días, el tiempo pasa inexorablemente. Sin embargo, nunca te has apartado de mí, tus ojos, tu pelo, tus piernas, tu vientre, todo tu cuerpo lo tengo grabado y lo recorro día y noche, implorando que sea verdad.
Te siento cerca. Muy cerca. A pesar de que me han confirmado la sentencia: treinta años y un día. No me bastarán para olvidarte.
Más fantasías secretas en casa de San